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Conseguir trabajo a los 54 años de edad

Durante la Semana Santa pasada (abril 2007) fuimos a visitar a mi suegra como parte de la tradición familiar de todos los años.

En un momento dado y espontáneamente me entregó una pequeña estampa del Dr. Ernesto Cofiño y me preguntó si sabía de alguien que necesitara un puesto de trabajo para que se lo encomendara al Dr. Cofiño.

Le pregunté un poco sobre quién era el Dr. Cofiño y me dijo que había tenido la oportunidad de conocerlo hacía varios años y me resumió los actos de su vida de entrega al prójimo. Yo acepté la estampita y le dije que tenía conocimiento de dos personas que tenían una urgencia en su situación laboral.

A partir de ese día tomé la estampita, la puse en mi mesa de noche, y cada día antes de acostarme rezaba la oración de la estampita y le pedía al Señor que aceptara la intercesión del doctor Cofiño para un caso especifico de una familia amiga que tenía a su padre sin empleo y con muchas obligaciones económicas. El padre de familia, de 54 años, perdió su trabajo, y además de eso le acababan de diagnosticar diabetes tipo II, tenía mucho estrés y sobrepeso.

Su situación era critica y ya había tenido que vender parte de sus activos para el sustento de su familia. Temía en un corto plazo perder su casa.

Con esa edad y su salud deteriorada, en un país con una tasa de desempleo tan alta, le había sido imposible obtener trabajo. Llevaba más de un año desempleado.

Al mes de estar rezando la estampa, lo llamaron a una entrevista. Inició el proceso de reclutamiento para un puesto importante con excelentes beneficios. Durante ese tiempo le pedí aún con más fe y confianza al Señor que aceptara, por medio del Doctor Cofiño, nuestra suplica por esta intención. Al poco tiempo salió elegido entre otros candidatos. Hoy día se encuentra integrado a la fuerza laboral, disfrutando de un trabajo digno en unión con su familia.

Estoy convencida que mi oración fue escuchada por el Señor y aceptó con gran amor la intercesión del Doctor Cofiño.

C C D, Costa Rica

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Sin ninguna explicación

Por intercesión del Doctor Ernesto Cofiño, recibí el favor que describo a continuación: mi hija, de treinta y do años , casada, con un hijo, fue diagnosticada de tener Toxoplasmosis hace dos años, El tratamiento no le hacia efecto y más bien la condición estaba empeorando. Hace dos meses empecé a pedir su curación por intercesión del Doctor Cofiño y, después del último examen de laboratorio, el resultado salió negativo.

Deseo expresar mi agradecimiento, haciendo público este favor recibido.

Z. A. C. E., San José, Costa Rica.

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Nació normal.

Doy gracias a Dios Padre, fuente de todo bien por escuchar mis oraciones por intercesión de su hijo el Dr. en Medicina Ernesto Cofiño, al que la noche del jueves 11 de junio encomendé repetidamente el parto de mi quinceavo nieto pues se presentó prematuro, tenía el cordón umbilical arrollado al cuello. Hoy el pediatra después de revisarlo manifestó que es todo normal. Le pido a Dios se digne glorificar a este pionero de la investigación pediátrica en Guatemala, servidor de la vida que encontró en el Opus Dei la respuesta que debía dar a la llamada universa a la santidad que hace el Señor a todos los cristianos. Atentamente.

M.R.P.S., San José de Costa Rica.

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Le ayudó a convertirse antes de fallecer.

En febrero de 2005 murió mi abuela. Tuvo una vida muy difícil. Aunque nunca cambió la fe católica en que había sido educada, antes de morir se mantenía alejada de los sacramentos, rechazaba la Confesión y el rezo del Santo Rosario.
Le pedí con insistencia al Doctor Cofiño que la ayudara y nos ayudara, a toda la familia, a vivir esos últimos momentos de la mejor manera.
Su estado de salud se deterioraba. Uno de los últimos sábados de su vida fuimos mi madre y yo a visitarla, y nos dijo que la Virgen le había dicho que iba a venir por ella, pero que no podía... porque ella era mala...
Un día después llegó el sacerdote, y ella pudo recibir la absolución y la Unción de los Enfermos. A partir de ese momento perdió la lucidez y falleció pocos días después.
Estos acontecimientos dieron mucha paz a la familia. Agradezco al Doctor cofiño su intercesión.

A. L. M. V.
Costa Rica, abril de 2005

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No fue necesaria la operación.

Les escribo para que sea de su conocimiento un hecho no ordinario que me ocurrió con motivo de un problema que tenía en la cuerda vocal izquierda. Desde inicios de este año aquejaba un problema en mi voz: me cansaba mucho de hablar y mi voz no era la normal; para describirlo con una expresión popular, tenía problema de ronquera.
Al tener más de dos meses con esto, me dirigí al consultorio de un otorrinolaringólogo, en la ciudad de San José, el 7 de febrero de 2005. Él me dictaminó un pólipo hematoso de alrededor de 0,5 cm cuadrados, alojado en mi cuerda vocal izquierda, el cual debía ser operado. El doctor me propone que sea operado por un especialista, que vendrá en marzo a dar charlas a otros especialistas. Además de que mi operación sería filmada, dado el tamaño de mi problema. Para dictaminar, el doctor me introdujo por la garganta un aparato que le facilitaba la visión en un televisor.
Luego de este dictamen, en algún momento en mi casa me encomendé al Doctor Ernesto Cofiño, de quien tengo una estampa, para que me ayudara a resolverlo de la mejor manera. Paralelo a esto mi hermana me dio unas pastillas de vitamina E para ayudarme con la futura regeneración de tejidos. El doctor no garantizaba que mi voz quedara igual, y además no debía hablar por ocho días luego de la operación.
La noche del 11 de marzo de 2005 me dirigí a la cita operatoria con el doctor, acompañado por mi esposa. El doctor hizo esfuerzos para introducirme el aparato que le permitiría ver mi garganta en la pantalla. Al tener yo muchas náuseas me introdujo por la fosa nasal derecha una cámara hasta mi garganta. Previo a esto me comentó que me escuchaba mejor de la voz, a lo que le contesté que me sentía mejor. Ese día a dos personas les comentaba que esperaba no operarme, y a mi esposa le dije que sentía que no me iban a operar. Luego de estar observando por la pantalla el doctor me comentó que no me operaría, pues el pólipo disminuyó de tamaño en un 90% y en esas circunstancias se prefiere no tocar las cuerdas vocales. Además me dice que debo asistir a terapia de lenguaje para proteger mis cuerdas vocales de esfuerzos innecesarios y que regrese en tres meses para ver el desempeño de mi garganta.
Todo esto lo escribo conciente de la importancia de mi testimonio, en pleno uso de mis facultades físicas y mentales, sin ninguna presión para que lo haga y buscando decir la verdad para los fines que ustedes consideren convenientes.

L. M. V.

San José de Costa Rica, marzo de 2005