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Un ejemplo permanente…

Párrafos de un testimonio de Mons. Eduardo Fuentes.
Obispo de Sólola-Chimaltenango.
Su amor Permanente a la Santa Misa


Conocí al Dr. Ernesto Cofiño Ubico hace 36 años, cuando frecuentaba la Residencia Universitaria Cuidad Vieja en la cuidad de Guatemala. Le veía entonces solamente cuando asistía a la Santa Misa, por lo que el trato fue muy esporádico, pero suficiente para darme cuenta de que era un hombre excepcional en todo sentido: me inspiraba confianza e infundía mucho respeto, pero sobre todo me edificaba enormemente su piedad en la Santa Misa.

Recuerdo que por esos años yo padecía de fuertes dolores de cabeza, por lo que decidí visitar al Dr. Cofiño en su clínica. De esa visita me impresionaron varias cosas: la pulcritud de su clínica y su gran amor por los niños. La colección de fotografías de niños que adornaban su clínica era una prueba de ello. Desde el principio me inspiró una gran confianza, no sólo por lo acertado de su diagnóstico, sino también por el trato humano amable con que sabia acoger a sus pacientes.  Ser llamado cariñosamente “viejo” por una persona tan eminente como él, era sencillamente una invitación a entablar un trato profesional que se estilaba entonces entre médicos y pacientes…

Años más tarde, cuando empezaba mi formación sacerdotal, volví a encontrarme con el Dr. Cofiño en el Seminario, s donde él acudía asiduamente a la celebración de la Santa Misa de uno de los sacerdotes formadores. Solía ser muy temprano. Sobre todo si se piensa que venía de muy lejos. Llegaba varios minutos antes del inicio de la Santa Misa, u él mismo preparaba los ornamentos y los vasos sagrados para la celebración…

Para mí, futuro sacerdote, su testimonio de amor a la Santa Misa era muy importante y poco después comprendí que a mis compañeros también les haría bien ser testigos de ese amor a Jesús Sacramentado…

Después de mi ordenación sacerdotal, en 1969, volví a encontrarme con el Dr. Cofiño en el Centro Universitario Cuidad Vieja. Me sorprendió que aún se acordara de mí y que me tuviera perfectamente identificado. En esa oportunidad me pidió oraciones por los frutos espirituales de un círculo de estudios que estaba organizando para médicos jóvenes. Hablaba de esta actividad con mucho entusiasmo y con mucha esperanza. Era un reflejo del celo apostólico que caracterizó siempre al Dr. Cofiño…

Parte de su amor a Dios y a María Santísima fue la difusión del Santo Rosario. Para esto mandó a imprimir miles y miles de guiones para rezarlo mejor. Me convertí en uno de los mejores distribuidores de esos preciosos guiones que él había preparado, principalmente durante la primera visita apostólica del Papa Juan Pablo II a Centroamérica…

Al hacer la recopilación de mis recuerdos sobre el Dr. Cofiño, me doy cuneta de que una actitud de fe, esperanza y Amor a Dios mantenida por más de treinta años es señal cierta de estar frente a una vida santa y por tal razón acudo confiadamente a su intercesión en toda clase de necesidades.